Cuando llegan las fechas navideñas aumentan tremendamente el número de anuncios de productos que, en otras fechas, nos parecen accesorios. Colonias, perfumes, jugetes por un tubo, consolas de videojuegos última generación, coches y más coches.
El mensaje que suelen transmitir viene a decir que si compras tal o cual cosa, eres el mejor, eres chachi y molas un huevo, talavera de la pierna. Curiosamente sólo te das cuenta de que necesitas esas cosas llegadas estas fechas. O sea, que si no te hubieran puesto el anuncio delante de lo ojos, ni te habrías dado cuenta de tu penosa situación. Y claro, deseas el trastoneitor2000 como si no hubiera Dios.
Todo muy bonito. Todo muy claro hasta ahora. Bla, bla, bla, el mismo rollo de todos los años, que si el madroño vuelve a casa por Navidad o las burbujas de cava de Almendralejo hacen cosquillitas en la barriga. Pero lo que de verdad me jode no es el acoso y derribo de la publicidad (que también), sino la intensificación que últimamente estamos teniendo con el problema “ tu vida es una mierda”.
Me explico.
La mayoría de los anuncios describen una situación idílica al adquirir su producto. De forma que, según ellos, hasta que no lo compras, has estado viviendo en una pantomima dedicada a esperar el lanzamiento de su producto. Compruebas que los tipos del anuncio son taaaaaan felices que rascarte el bolsillo es un mero trámite.
Las compracaiones son odiosas, pero los publicistas las utilizan a discreción. El último anuncio que ha hecho que se colme mi vaso y me decida a escribir ha sido el de “Don Alpotrón”. En éste aparece una triunfita de muy buen ver. Disfruta de la vida con sus amigos, novio, familia, etc. Y todo porque se echa un lingotazo de “Don Albornoz” en lo alto.
O lo que es lo mismo. Si llega a echarse “Anís del mono” en lugar de dicha colonia, sería una perra desquiciada, sin familia, sin amigos y con menos posibilidad de ligar que el pozi en Pacha’s a primeros de agosto.
Y lo chungo es que conozco a un montón de personas que no lo usan. Y son normalis y bulgaris. O sea, que algo falla.
Estoy hasta las mismísimas pelotas de que todas las marcas nos vendan que hay que ser distintos. Que hay que marcar la diferencia. Si todos fuéramos distintos, al final seríamos todos iguales porque tendríamos en común el hecho de ser diferentes.
Uno es diferente a los demás cuando los demás son todos iguales. Pero si todos son diferentes, no hay nada nuevo. No hay nada que decir ni descubrir. Y si todos queremos ser distintos a la media, no creo que sea gracias al coche tal o a la colonia “Menganita”. Será porque decides apagar la tele y salir a pasear.
Decides que marcar la diferencia es levantarte todos los días de noche para pagar una hipoteca que te ahoga. Decides que merece la pena seguir adelante porque tu pareja te apoya en tu vida diaria. Decides que salir a tomar una caña con un amigo al que hace tiempo no ves es mejor que quedarte en casa con tu consola último modelo. Decides que disfrutar de la vida supone fracasar, experimentar nuevas cosas, compartir con tus amigos, pareja, familia tus problemas.
Decides que tu vida es distinta no porque lo diga “Renaluto”, colonia “Don algochof” sino porque el seguir adelante marca la diferencia.
Marca la diferencia, olvídate de las colonias, los coches, los anuncios. Sal, diviértete, comparte, experimenta, vive.
Asco de publicidad navideña…